De hilos pende mi cordura, de las cuerdas de mi guitarra, que tiembla al rasgar y sentir que se escapa una nota que desmorona mi ser, con la misma amargura como hace años, me sobrecogía tu mirada. Por aquel tiempo, yo recorría el borde del paseo que lamía el mar, con mi fiel amiga en busca de dinero regalado por la compasión de mis melodías que silbaban junto a las olas, cuando de pronto, en un instante, tan breve como el pestañear y tan frágil como un copa de cristal, cruzáronse por gracia del destino nuestro ojos y esa sonrisa llena de malicia que tanto te acompañaba, llevándose así mi alma tras esa cabellera oscura y ahogando mis pensamientos en esos ojos de color aguamarina en los que tanta veces me bañé. Jamás olvidaré el levar de tu vestido blanco al voltear y jugando con mi mirada y tus muslos, incitando a atraparte, haciéndome partícipe de tus juegos indiscretos. En uno de estos vuelos, entre carcajadas al aire, palabras susurradas, caricias furtivas y un avance in...
Relatos propios.