Con la mente cincelando el cielo y arrastrando su alma a ras del suelo, se encontraba el escritor. Deleitándose de su mejor amigo, un libro de hojas ocres, rememoraba su pasado, acompañando a los protagonistas del libro. "Historias de amor, ¿eh?" Pensó, suspirando como los ancianos hacen al ver pasar la vida ante sus ojos. Abandonó el mundo de fantasía tintada en una esquina de su mesilla, para estirarse completamente en su lecho. Acepta, y no sin cierta melancolía, que podrá comprender a todos los personajes de cualquier libro, podrá amaravillarse de casi cualquier texto, de adorar las palabras, y que, sin embargo, jamás entenderá a las personas. Ese es el inconveniente y uno de los por qués de su vida. Apartado pero de mente cultivada, mira la vida a lo lejos apenas sin ser consciente de que pertenece en este mundo y no uno de barcos de papel, se sumergen en la mente, bañándose en palabras. Ha sentido como el presente ignorarle mientras él recobraba vida en forma de perso...
Relatos propios.