Con la mente cincelando el cielo y arrastrando su alma a ras del suelo, se encontraba el escritor. Deleitándose de su mejor amigo, un libro de hojas ocres, rememoraba su pasado, acompañando a los protagonistas del libro.
"Historias de amor, ¿eh?"
Pensó, suspirando como los ancianos hacen al ver pasar la vida ante sus ojos. Abandonó el mundo de fantasía tintada en una esquina de su mesilla, para estirarse completamente en su lecho. Acepta, y no sin cierta melancolía, que podrá comprender a todos los personajes de cualquier libro, podrá amaravillarse de casi cualquier texto, de adorar las palabras, y que, sin embargo, jamás entenderá a las personas. Ese es el inconveniente y uno de los por qués de su vida. Apartado pero de mente cultivada, mira la vida a lo lejos apenas sin ser consciente de que pertenece en este mundo y no uno de barcos de papel, se sumergen en la mente, bañándose en palabras. Ha sentido como el presente ignorarle mientras él recobraba vida en forma de personajes inexistentes, todos ellos de color negro mate.
"Historias de amor, ¿eh?"
Pensó, suspirando como los ancianos hacen al ver pasar la vida ante sus ojos. Abandonó el mundo de fantasía tintada en una esquina de su mesilla, para estirarse completamente en su lecho. Acepta, y no sin cierta melancolía, que podrá comprender a todos los personajes de cualquier libro, podrá amaravillarse de casi cualquier texto, de adorar las palabras, y que, sin embargo, jamás entenderá a las personas. Ese es el inconveniente y uno de los por qués de su vida. Apartado pero de mente cultivada, mira la vida a lo lejos apenas sin ser consciente de que pertenece en este mundo y no uno de barcos de papel, se sumergen en la mente, bañándose en palabras. Ha sentido como el presente ignorarle mientras él recobraba vida en forma de personajes inexistentes, todos ellos de color negro mate.
¿Y por qué ese color tan cerrado, tan muerto, para unos seres irreales totalmente vivos? Pues su padre, aquel hastiado escritor, ha vivido hasta la saciedad. Ha barrido todos los colores que han paseado por el reflejo de sus retinas. Los azules de las lluvias, de los ríos, del mar, del cielo; los rojos de carmín de los labios de las provocativas mujeres, de las flores, de la sangre; los amarillos de los campos tostados bajo el sol, las margaritas que juegan bajo un dorado sol, las dunas brillantes; los verdes de la hierba, los bosques, los vestidos de noche de las damas; los marrones de la tierra, del fango, de los ojos ardientes que engañan; los grises de la vejez, de los cielos plomizos. Todos sus recuerdos los proyecta en sus historias, en sus fantasías, con la baraja que colores que ha percibido, dándole ese sabor tan mustio que siempre lleva en los ojos. El color del escritor.
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