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Mostrando entradas de marzo, 2024

Crisálida

De mi expedición espacial más increíble me he llevado un terrible dolor de huesos y un agujero en el techo. Por fortuna, mi colchón me recibió en la caída como un perro viejo en el rellano, moviendo la cola pesadamente, cómplice. Volvía a casa. Al inicio. A la meta. Al experto radiólogo, la soledad. Envuelto en un centenar de sábanas, en un quejido triste y un aire viciado, todo tenía un color distinto. No el anaranjado de los westerns. Más bien un azul pálido. Casi gris. Me recordaba a la imagen fija de un parque nevado, en su sordo silencio y su tiempo aletargado. Y aquí dentro, sólo podía humedecerme los ojos, soñar sin párpados y escucharme con eco. Qué paredes más gruesas tiene esta crisálida de tela.  Ojalá me convierta en una polilla y salga revoloteando guiado por mi instinto, con un objetivo poco claro pero obstinado. Encontraré una luz y, aturdido, bailaré a su lado. Y, quién sabe, quizá alguien acabe bailando conmigo. Me imagino esa felpa sobre mis alas y la incandescenc...