Le vendó los ojos y la condujo, agarrada del brazo, hasta una silla en mitad de la estancia, haciéndole sentar. El contacto frío de la madera en su piel la hizo estremecer. Sonreía, nerviosa. - ¿Confías en mí? Necesito que lo hagas. - Lo hago. - Afirmó. La casa, el barrio, la ciudad, el mundo entero estaba en silencio, expectante. Tan sólo se oía el roce de la ropa y los zapatos caer al suelo. De pronto, un chasquido sonó y una corriente de aire chocó contra su cuerpo desnudo. Tuvo un escalofrío. Unos pasos sordos sobre el parqué se aproximaron desde su derecha y pararon. Ella alargó el brazo pero allí no había nadie. Una sensación de torpeza le invadió y rió. - ¿Qué buscas? - Susurró en su oído izquierdo. Aquello la sorprendió y se apartó, riendo aún más. - A ti. Y volvió a alzar el brazo, el izquierdo esta vez, y volvió a encontrarse con el vacío. - Me encontrarás, tranquila. - Contestó, ...
Relatos propios.