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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Anatomía del ballet.

-Cinco pliés,  a intervalos de relevé, pas de chat y port de bras. Por ese orden. chicas, vamos, vamos. Marian, estira la espalda. Los brazos siguen el movimiento, Sophie. Que no es vuestra primera clase, espabilad. Vuelve a la Tierra, Valentine, te toca. -Chasquea los dedos, me mira y sigue dando palmas.  Pero yo no puedo concentrarme. Estoy perdida en las curvas de su cuerpo. Su tez de marfil juega con los colores del rubor de sus mejillas, el brillo del sudor y las sombras del salón. Su serenidad es admirable, su esfuerzo inigualable, nada que equiparen las otras chicas.  Recibo un empujón suave en la espalda que me obliga a dar un paso. Es mi turno de ejercitar, pero el cuerpo no me responde. No recuerdo que movimientos tengo que hacer. La chica que está frente a mí estaba haciendo pliés y la imito, pero el pulso me tiembla. -Ánimo- me dice una voz detrás. Alicie. Y me rompo en pedazos. Se me doblega el cuerpo al agacharme y caigo. La instructora me coge por los ...

Cuestión de suerte.

No recuerdo si fue viernes o martes, sólo sé con certeza que era trece. Me desperté con pesar, entre el desorden de mi dormitorio. Empecé ya con mi torpeza y mi dormida mente, con el zapato izquierdo en el pie derecho. Fue tal el golpe que me di al levantar que torcí los cuadros de la habitación. Pegué la cara al  frío suelo exhausto y éste me susurró vibraciones de martillo. Santo dios, cómo me sacó de quicio aquel ruido. Y otra vez en pie, de camino a la cocina, con total parsimonia a pesar del orgullo perdido.  Al buen café de la mañana que despierta los sentidos, que enamora con su olor y, mmmm, esa amargura en las papilas atenuado con una cucharadita de... ¿¡Sal?! Me sorprendí, me quemé y caí el traidor salero y antes de poder maldecir a la nubes, los bigotes del reloj señalaban la hora de irse. Y otra vez a correr y fue tal el ímpetu, que al cerrar la puerta, retumbó y oí a la lejanía caer el espejo del rellano. "Maldición", me dije una vez más, y con la idea de no trop...

Las reinas también mueren.

Cuando el peso del cansancio se posó sobre sus párpados, no dudó en cerrarlos ni un instante. El ronroneo del vehículo le provocaba gran somnolencia como una nana incomprensible. Ya había perdido las consciencia cuando se detuvo . Ni siquiera se percató, cuando la alzó y su cabeza pequeña se balanceaba sobre el cariñoso hombro de su padre. Pero para desgracia, la criatura se despertó al posarla sobre la cama y balbuceó un: - Cuéntame un cuento. Suspiró él pensando que qué tendría que dormir en lo que ya descansaba interiormente. -¿Dónde están los cuentos? -Musitó para no despertarle la mente. - Invéntatelo, como antes. - Se revolvió cariñosamente. "Como antes". Esas débiles palabras evocaron memorias en el paciente padre. Tantos recuerdos que temía que le saliera la voz y rescatando valor y pensamientos comenzó: -Esta historia es cortita y muy simple: En un lugar no tan lejano como creemos, existía una mujer de una increíble belleza tan enigmática como el origen de la c...