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Mostrando entradas de 2014

Anatomía del ballet.

-Cinco pliés,  a intervalos de relevé, pas de chat y port de bras. Por ese orden. chicas, vamos, vamos. Marian, estira la espalda. Los brazos siguen el movimiento, Sophie. Que no es vuestra primera clase, espabilad. Vuelve a la Tierra, Valentine, te toca. -Chasquea los dedos, me mira y sigue dando palmas.  Pero yo no puedo concentrarme. Estoy perdida en las curvas de su cuerpo. Su tez de marfil juega con los colores del rubor de sus mejillas, el brillo del sudor y las sombras del salón. Su serenidad es admirable, su esfuerzo inigualable, nada que equiparen las otras chicas.  Recibo un empujón suave en la espalda que me obliga a dar un paso. Es mi turno de ejercitar, pero el cuerpo no me responde. No recuerdo que movimientos tengo que hacer. La chica que está frente a mí estaba haciendo pliés y la imito, pero el pulso me tiembla. -Ánimo- me dice una voz detrás. Alicie. Y me rompo en pedazos. Se me doblega el cuerpo al agacharme y caigo. La instructora me coge por los ...

Cuestión de suerte.

No recuerdo si fue viernes o martes, sólo sé con certeza que era trece. Me desperté con pesar, entre el desorden de mi dormitorio. Empecé ya con mi torpeza y mi dormida mente, con el zapato izquierdo en el pie derecho. Fue tal el golpe que me di al levantar que torcí los cuadros de la habitación. Pegué la cara al  frío suelo exhausto y éste me susurró vibraciones de martillo. Santo dios, cómo me sacó de quicio aquel ruido. Y otra vez en pie, de camino a la cocina, con total parsimonia a pesar del orgullo perdido.  Al buen café de la mañana que despierta los sentidos, que enamora con su olor y, mmmm, esa amargura en las papilas atenuado con una cucharadita de... ¿¡Sal?! Me sorprendí, me quemé y caí el traidor salero y antes de poder maldecir a la nubes, los bigotes del reloj señalaban la hora de irse. Y otra vez a correr y fue tal el ímpetu, que al cerrar la puerta, retumbó y oí a la lejanía caer el espejo del rellano. "Maldición", me dije una vez más, y con la idea de no trop...

Las reinas también mueren.

Cuando el peso del cansancio se posó sobre sus párpados, no dudó en cerrarlos ni un instante. El ronroneo del vehículo le provocaba gran somnolencia como una nana incomprensible. Ya había perdido las consciencia cuando se detuvo . Ni siquiera se percató, cuando la alzó y su cabeza pequeña se balanceaba sobre el cariñoso hombro de su padre. Pero para desgracia, la criatura se despertó al posarla sobre la cama y balbuceó un: - Cuéntame un cuento. Suspiró él pensando que qué tendría que dormir en lo que ya descansaba interiormente. -¿Dónde están los cuentos? -Musitó para no despertarle la mente. - Invéntatelo, como antes. - Se revolvió cariñosamente. "Como antes". Esas débiles palabras evocaron memorias en el paciente padre. Tantos recuerdos que temía que le saliera la voz y rescatando valor y pensamientos comenzó: -Esta historia es cortita y muy simple: En un lugar no tan lejano como creemos, existía una mujer de una increíble belleza tan enigmática como el origen de la c...

Baile entre las sombras.

Los deseos recorren incansables mi mente, brotando de la parte más sombría de ella, tomando formas en distintos géneros, olores, sabores, colores y sensaciones. La primera de estas aspiraciones se me antoja muy cercana y a la vez lejana, por la imposibilidad. No tengo buenas intenciones, me digo cada vez que la imagino, para que no caiga en la tentación de clavarme un puñal por nadie. Pero he de admitir que sus ojos verdes me ahogan, como cuentan en las fábulas, y su cabello enreda mis dedos como un laberinto. A pesar de la perfecta idealización, quisiera envolverla en un manto de violenta excitación, marchitarla entre mis brazos, descubrirle un mundo y el pecado de una piel de igual sexo. Aún lo calle, aún lo busque, haré que no vea nada más allá del placer, haciendo la sábana nuestra confesora y confundiéndola, desatando tanta pasión que no sea capaz de reconocerse. Quiero destrozar su deseo, hacerlo mío, morder, marcar; recorrerle el cuerpo, sentir sus uñas en la espalda, poder re...

Tiempos de pasión.

En noches como ésta, cuando noto los estragos del tiempo que siempre arrolla, como la felicidad y el dolor son una balanza y que siempre tienes que pagar un precio por sonreír y disfrutar de unos instantes. Sigo regocijándome, con una punzada en el pecho y la lágrima que pronta a brotar, de ella y su recuerdo.  ¿Por qué me asaltan tan horribles pensamientos en tan inoportunos momentos? Me acuerdo de tus centelleantes ojos cristalinos, como si un sollozo brotase tras el beso. ¿Duele, amor? Saber que mi cariño no era correspondido y yo ignorante. Y lo callabas.  Eran tus dedos aferrándose a mi cuerpo y a tu propia mentira. Oh, que glorioso momento en el que te tuve entre mis brazos engañado y susurrándote. ¡Qué felicidad más tonta, que dolor más cruel! Necias las noches en las que me tumbaba en el colchón imaginándote como horas antes te había tenido. Añoraba el calor de tu cuerpo bajo el mío. El placer estaba marcado por tus uñas en mi espalda. Que plácidos descansos con tu ca...

En un eterno atardecer.

Hoy no soy aquella que saluda al pasar junto a los desconocidos con una sonrisa, que le habla al viento en sus giros, conversa con la mariposas perdidas, la que se mueve con el son de la música tontorrona. Entre paso y paso, saltito. Entre pensamiento y pensamiento, sonrisa. No, hoy no soy ella. Hoy soy esa que, con las manos en el bolsillo, cabizbaja, busca respuestas en la punta blanca de sus zapatos. Quizás esté preguntándose a sí misma, quizás esté con la mente en blanco, mirando el asfalto. Quizás sólo piensa en el ritmo retumbante del blues que le acompaña, quizás recita versos que le traen memorias. Quizás busca entre los recuerdos pegados en su mente una explicación, un por qué. Quizás sólo busca su camino como aquella mariposa.  El Sol dorado cae creando sombras entre la silueta de las montañas, despacio, dejando paso al frío otoñal de las noches, apartando su caricia de la  piel. Por favor, no te desvanezcas luz. En esta tarde, eres mi único consuelo. Sendero, no...

Voluntad sin valor.

En una corriente de palabras dichas en labios muy diversos, es encerrada tu verdadera voluntad. Escucha sus réplicas, mira caer repiqueteando silenciosamente las lágrimas, esas que no portan la sal de la amargura, pues son soltadas sin sentimientos.  No quieren verte marchar, aún conozcan lo inevitable, desean apresarte en su brazo y cuando te dejes llevar, no lo necesitarán. Tú estás bajo su deseo en todo momento, pues ahora vives en su sombra y a ella te has acostumbrado. A la lluvia incesante que brota de sus ojos al expresar la verdad te empapa y en ella te adormeces, pensando qué quizás no sea tan malo reposar un poco, no pensar en lo esencial, que qué bien se está siendo acicalado por su voz. Pero, ¿y el tiempo? Mientras tú cierres tus párpados, éste correrá más rápido inconscientemente y te arrinconará obligando a ser sensato y que no hay marcha atrás y qué se desatará el dolor. Pudiendo haber gozado del tiempo, te apresó y dejó bajo su custodia para no verte desaparecer. ...

Como el Sol y la Luna

“Desde aquel día todo cambió, pasó de ser un chico al que todo le daba igual a empezar a sonreír por una persona” Ian, era un joven hijo de un dignatario, un padre al que rara vez veía en su propia casa y motivos por los cuales se rumoreaba que vivía vidas secretas, y cuyo nacimiento no fue celebrado como tal, si no como un evento más. Aunque Jason W. Mothman confiaba en que Ian siguiese la línia de “nobles cargos familiares”, su hijo aborrecía las enormes reuniones a las que su padre le obligaba a acompañarle y no admitiría jamás ser el siguiente en la sucesión. El señor Mothman, conocido así por sus tácticas económicas pacientes y destructoras a largo plazo, cual polilla en un armario, incitaba a su descendiente a estudiar economía, sociales, estadística... Tantos habían sido los intentos, que Jason ya se había rendido y esperaba con ansias una nueva criatura en el vientre de su mujer Marie, pero fue malo el anuncio de los médicos cuando le comunicaron que ésta sería una niña ...

¿Con qué tinta escribes?

Con la mente cincelando el cielo y arrastrando su alma a ras del suelo, se encontraba el escritor. Deleitándose de su mejor amigo, un libro de hojas ocres, rememoraba su pasado, acompañando a los protagonistas del libro. "Historias de amor, ¿eh?" Pensó, suspirando como los ancianos hacen al ver pasar la vida ante sus ojos. Abandonó el mundo de fantasía tintada en una esquina de su mesilla, para estirarse completamente en su lecho. Acepta, y no sin cierta melancolía, que podrá comprender a todos los personajes de cualquier libro, podrá amaravillarse de casi cualquier texto, de adorar las palabras, y que, sin embargo, jamás entenderá a las personas. Ese es el inconveniente y uno de los por qués de su vida. Apartado pero de mente cultivada, mira la vida a lo lejos apenas sin ser consciente de que pertenece en este mundo y no uno de barcos de papel, se sumergen en la mente, bañándose en palabras. Ha sentido como el presente ignorarle mientras él recobraba vida en forma de perso...

El amor, ese rayo de luna.

El amor... No existen palabras suficientes para que el escritor lo pueda definir, y tampoco existe tiempo suficiente para que el amante las recite. ¿Qué es lo que nos sacia? ¿Los besos? ¿Las caricias? ¿El deseo impuro de dominar su cuerpo? Para el poeta el deseo es un pecado, una fruta del árbol prohibido. La adoración de su imagen en la bendición de nuestros días. Tan intangible y lejana como la Luna, tan indiferente a las miradas, no se postra ante nadie. Dime, querida, ¿es eso cierto? ¿Es cierto que no puedo ver todo de ti? ¿Es cierto que lo más oscuro de ti es tan frío que hiela miradas? Dime que lo que veo no es en vano. Dime que no te ríes de mis suspiros, de las palabras susurradas al viento. Dime que en el fondo de tu alma no reina el esperpento. Dime y te creeré ciegamente. Dime que el fuego no quema, y lo acunaré. Dime puedo volar y saltaré al vacío. Dime que eres eterna y te amaré de por vida. Dime y no me dejes este silencio. Pero sé sincera y dime que existes, que no ere...

In loving memory of you (6)

Al salir del bar o lo que fuese eso, me dispuse a volver al piso, ordenarlo y ponerme al día con el temario de anatomía patológica y bioquímica yendo a la biblioteca. Miré el reloj a través de un escaparate: Las 12 de la mañana. A esta hora mis padres debían estar paseando a mi ya viejo perro pastor Rex por la ribera del riachuelo que cruzaba el bosque. Nuestro pequeño lugar... Sí, el nombre de original tenía poco. Deberías recordarlo, lo conociste siendo ya jovenzuelo. Ah, bruto de él, que logró arrancarte una sonrisa con el simple hecho de ladrarte, ¡que envidia! Ahora, con el paso del tiempo... Te perdiste tantas cosas... Desde los lugares y momentos más increíbles, hasta los más devastadores. ¿Recuerdas las interminables broncas a Rex por sus escapadas a la calle? Pues pocas semanas después de que te fueras, fue arroyado por un Citroën conducido por un principiante. Y desde entonces, tenía una de las patas dañadas, y cojeando perseguía las ardillas que huidizas saltaban de árbol ...

Notas saladas.

De hilos pende mi cordura, de las cuerdas de mi guitarra, que tiembla al rasgar y sentir que se escapa una nota que desmorona mi ser, con la misma amargura como hace años, me sobrecogía tu mirada. Por aquel tiempo, yo recorría el borde del paseo que lamía el mar, con mi fiel amiga  en busca de dinero regalado por la compasión de mis melodías que silbaban junto a las olas, cuando de pronto, en un instante, tan breve como el pestañear y tan frágil como un copa de cristal, cruzáronse por gracia del destino nuestro ojos y esa sonrisa llena de malicia que tanto te acompañaba, llevándose así mi alma tras esa cabellera oscura y ahogando mis pensamientos en esos ojos  de color aguamarina en los que tanta veces me bañé. Jamás olvidaré el levar de tu vestido blanco al voltear y jugando con mi mirada y tus muslos, incitando a atraparte, haciéndome partícipe de tus juegos indiscretos. En uno de estos vuelos, entre carcajadas al aire, palabras susurradas, caricias furtivas y un avance in...

El Leteo.

Otra vez te paseas por mi mente, imperturbable y a la vez ignorante de lo que me causas, con esa mirada y esa sombra de espejismo que te envuelve y pierde mis ojos en ti. No importa cuantas veces alargue la mano para alcanzarte, te desvaneces, te traspaso, pero mis dedos no encuentran la calidez de tu piel.  Son tantas las ocasiones en las que te proyectas en mi cabeza que ya me he acostumbrado a escuchar el eco de tus palabras, sentir tus huellas invisibles. Cuando mi memoria te evoca, respiro más lento, mis pasos son más torpes. Me gritan. Quieren echar a correr en tu búsqueda, que no importe la distancia a recorrer y tampoco la fatiga.   Un día, dejaré de maldecir y ocuparé mis labios en los tuyos. Podré sentir el calor susurrante de tu voz añadiendo un escalofrío que me recorra la espalda. Quiero que tu piel sea el guardián de mi recuerdo. -- Sé lo que es querer, y en este mismo sentimiento, sé lo que es fallar, caer, equivocarse, malinterpretar. A veces la in...