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Voluntad sin valor.

En una corriente de palabras dichas en labios muy diversos, es encerrada tu verdadera voluntad. Escucha sus réplicas, mira caer repiqueteando silenciosamente las lágrimas, esas que no portan la sal de la amargura, pues son soltadas sin sentimientos.
 No quieren verte marchar, aún conozcan lo inevitable, desean apresarte en su brazo y cuando te dejes llevar, no lo necesitarán. Tú estás bajo su deseo en todo momento, pues ahora vives en su sombra y a ella te has acostumbrado. A la lluvia incesante que brota de sus ojos al expresar la verdad te empapa y en ella te adormeces, pensando qué quizás no sea tan malo reposar un poco, no pensar en lo esencial, que qué bien se está siendo acicalado por su voz. Pero, ¿y el tiempo? Mientras tú cierres tus párpados, éste correrá más rápido inconscientemente y te arrinconará obligando a ser sensato y que no hay marcha atrás y qué se desatará el dolor. Pudiendo haber gozado del tiempo, te apresó y dejó bajo su custodia para no verte desaparecer.
 Todas las palabras dichas quedarán olvidadas, lo escrito será borrado por más barro y el tiempo causará estragos, cómo ya hace. Quedaremos como desconocidos en un pasado mutuo.
 Y las promesas serán simples vocábulos; no voy a decir que no tengan acepción, las palabras tienen siempre significado aun fuera de contexto, pero carecerán de sentido, si es que algún día tuvieron. Reiterará esas mismas sílabas y bajo el peso incomprendido de los hechos y palabras, todo fallecerá.
 Y para quien quiera recordar, será inundado de unas lágrimas sin sabor.

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