Uhm, pareces incómoda- Comenzó el relato aquella burda figura con gran semejanza a su ser. - ¿No quieres sentar aquí, en el borde de la cama, cielo? No tengas miedo. Posó la mano sobre la sábana, que no se inmutó al tacto de esos fantasmagóricos dedos. Helen le hizo caso y se sentó, recogiendo con suavidad la falda de su camisón. Estaba sorprendida por el increíble parecido entre ella y aquel vaho inexistente que se elevaba delante de ella. Tragó saliva, inquieta. El espectro se acercó a Helen e intentó acariciar los glúteos, en vano, mientras la miraba inquisitivamente. -Veo el temor en tus ojos. ¿Y por qué? Si no puedo rozarte. Físicamente no existo. -Su voz se tornaba cada vez más hueca y dolorosa.- No puedo cortarte en pedacitos y entregarte al infierno, no puedo hacerte gritar de dolor mientras sangras a borbotones, ni puedo desmembrarte y alimentar a Cancerbero, ni siquiera puedo- -¡Calla! - Helen gritó súbditamente. No quiso elevar tanto la voz y se tapó la boca, esperánd...
Relatos propios.