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Mostrando entradas de junio, 2013

Tu reflejo.

Uhm, pareces incómoda- Comenzó el relato aquella burda figura con gran semejanza a su ser. - ¿No quieres sentar aquí, en el borde de la cama, cielo? No tengas miedo. Posó la mano sobre la sábana, que no se inmutó al tacto de esos fantasmagóricos dedos. Helen le hizo caso y se sentó, recogiendo con suavidad la falda de su camisón. Estaba sorprendida por el increíble parecido entre ella y aquel vaho inexistente que se elevaba delante de ella. Tragó saliva, inquieta. El espectro se acercó a Helen e intentó acariciar los glúteos, en vano, mientras la miraba inquisitivamente. -Veo el temor en tus ojos. ¿Y por qué? Si no puedo rozarte. Físicamente no existo. -Su voz se tornaba cada vez más hueca y dolorosa.- No puedo cortarte en pedacitos y entregarte al infierno, no puedo hacerte gritar de dolor mientras sangras a borbotones, ni puedo desmembrarte y alimentar a Cancerbero, ni siquiera puedo- -¡Calla! - Helen gritó súbditamente. No quiso elevar tanto la voz y se tapó la boca, esperánd...

In Loving Memory of You (5)

No tuve la necesidad ni de vestirme, ya que dormí con la ropa puesta, y tampoco deseaba desnudarme delante de Henry. Él estaba ansioso por sacarme de aquel piso, que tomase aire y volviese a la tierra. Me lavé la cara con agua fría y al verme en el espejo, sentí que hiciese lo que hiciese, nadie, absolutamente nadie, querría pasar décadas de vida compartida a mi lado. Suspiré y noté a Henry golpear inquieto la puerta del cuarto de baño. Se moría por irse de ahí. Al ver tanto ímpetu por querer marcharse me planteé muy seriamente hacer un lavado de cara a mi piso. Al bajar las escaleras, Henry me adelantó. Si se comportaba así conmigo, ¿qué sentido tenía querer estar conmigo? Que abandonase los estudios o no, era mi problema. Quizás sólo le interesaba a la hora tomar apuntes, o simplemente no tenía a nadie más. Ninguno de los dos éramos muy populares. Por el camino me crucé con un vecino, uno de los pocos que me ayudó y me saludó cuando me mudé. Al pasarme, se volvió sorprendido. ...

Despertar cada día así y a tu lado.

No me juzguéis; es un texto que escribí hace mucho tiempo, 365 días ya. Se lo dediqué a alguien y bueno, que no muera en mis recuerdos si puedo revivirlo en el papel.   "Buenos días, princesa. He pasado la noche en vela pensando en ti.  La vida en la casa no dormía, y menos, yo. El calor me sofocaba. Abrí la ventana y contemplé la oscura noche. El tenue resplandor de la estrellas hacían frente ante la potente luz que emanaba la ciudad. Dejé que los ruidos, que provenían de las entrañas de la noche, alimentasen ese pequeño temor a desconocer lo que es sencillo y, sin embargo, no puedo ver. De pensar y pensar, me quedó la mente en blanco y miraba al infinito como quien ve siempre el mismo cuadro en la pared.  Un ligero fulgor desvió mi mirada hacía él. Una estrella fugaz. Bajé la vista y pedí un deseo: Estar juntas. Nunca creí que un meteoro que alcanza la atmósfera a una velocidad inimaginable, creando tras de sí una cola de fuego, pudiese cumplir un deseo....

Los gatos de Katie

La primera cosa que a Edgar le gustó de Katie fueron sus ojos. Eran de un color verde más claro que ninguno de los verdes que habéis visto nunca, y le otorgaban una intensidad a su mirada que habría hecho enloquecer  cualquier hombre. Pero no sólo le gustaron sus ojos. Katie era una mujer muy bonita. Tenia un cuerpo de curvas suaves, esbelta, que hipnotizaba con sus movimientos ágiles y harmónicos. Parecía que estaba siempre alerta, atenta a todo aquello que pasaba a su alrededor, y Edgar se dio cuenta de que nunca se le escapaba nada.  También era muy dulce; sobretodo cuando se hacía de noche y en la cama, la piel de ella buscaba la calidez de él. A Katie le gustaba que su novio le acariciase la espalda, pasando los dedos por la columna, de arriba a abajo, y cuando él lo hacía emitía pequeños gemidos de placer. En cambio, era poco habladora, quizás un poco tímida. Nunca hablaba de sí misma, y Edgar no había conseguido que le explicase nunca nada de su familia, sus orígenes o ...

Carta de San Valentín.

Permíteme confesarte lo que mis labios han callado tan fielmente, y lo que mi mente gritaba, traicionando mis pensamientos. Desde la lejanía, cada día, he estado suspirando mientras aparecías reflectada en mis sueños. He estado allí en cada momento, a tu lado. Te he visto en todos y cada uno de tus instantes. He sido testigo de tus locos momentos, de tus miradas perdidas en la nada. Te he visto caer y llorar, abatida,  suplicando piedad a un destino incierto, por unos errores inoportunos. Pero apesar de estos pequeños errores, viviría de ti y de tus defectos como fragilidades sublimes.   Y es que llevas tanto tiempo viviendo en mi mente... Me he acostumbrado a ti, a tu ser, a tus ojos, a tu sonrisa. Sólo hace falta que mi mano escriba tu nombre en una hoja de papel para hacerte aparecer; que cierre los ojos para ver los tuyos, o que me encierre en el silencio para oír tu voz.   Desconoces cuantas noches he pasado en vela por culpa de una imaginación desorbitante, habi...

Cuando llegue el momento.

Quiero morir.  ...Pero no morir de hacer desaparecer mis restos entre la tierra y esperar a que los gusanos destrocen mi vieja piel y muestren mis huesos acariciando la poca tela que me quede, no. Sino morir en vuestras mentes y memorias. Nunca haber existido, nunca haber dejado huella. Querer perderme en la nada en este mundo. Dejar de lado la complejidad del ser humano. Vivir en la más pura sencillez. Vivir entre las palabras que redacte. Mis propios mundos. Ya conozco a la gente suficiente, y creedme que tengo miedo de hasta que punto cavaremos nuestra propia tumba, hasta qué punto seremos tan necios. El no querer vivir "con", sino "sobre". He cogido miedo a cada uno de los gestos del mundo, a sus variantes. Me agobio que las personas. No encuentro consuelo en las palabras, en sus torpes de intentos, aquella pobre gente que intentó comprenderme. ¿Qué fue de ella? Oh, espera... ¿Existieron, acaso? Callejón oscuro es mi vida. Asaltándome, en multitud, los pr...

Habito en tus pecados. Y me deseas.

Buenas noches. -dijo él. -Que sea buena, porque son tus últimos instantes "Esto, quizás, sólo sea la conciencia de aquél que me la robó porque carecía de ella" "Por motivos que no vienen al caso, yo carecía de hogar. En su día, vivía bien, lo tenía todo. No me faltaba nada. Mujer, dinero, trabajo, felicidad. ¿Qué más se podía pedir? Pero necio yo en mis momentos, me dejé llevar por la bebida y los juegos. Hasta que me quedé sin hogar, ni mujer, ni dinero.  Aquella noche de diciembre, entre tantos adornos, yo era el desafortunado, el que hubiese querido vivir allí, al abrigo del viento, con una mano a coger y una persona a la que mirar a los ojos. Pero no fue así. Con el viento embravecido, acabé caminando a oscuras por un camino de tierra. La Luna estaba llena y su claridad iluminaba levemente el sendero. Allí, en la curva de un valle, encontré un hogar que no estaba rodeado de vallas. No tenía la intención de robar ni atacar a nadie, únicamente encontrar un cobertizo do...