Permíteme confesarte lo que mis labios han callado tan fielmente, y lo que mi mente gritaba, traicionando mis pensamientos. Desde la lejanía, cada día, he estado suspirando mientras aparecías reflectada en mis sueños. He estado allí en cada momento, a tu lado. Te he visto en todos y cada uno de tus instantes. He sido testigo de tus locos momentos, de tus miradas perdidas en la nada. Te he visto caer y llorar, abatida, suplicando piedad a un destino incierto, por unos errores inoportunos. Pero apesar de estos pequeños errores, viviría de ti y de tus defectos como fragilidades sublimes.
Y es que llevas tanto tiempo viviendo en mi mente... Me he acostumbrado a ti, a tu ser, a tus ojos, a tu sonrisa. Sólo hace falta que mi mano escriba tu nombre en una hoja de papel para hacerte aparecer; que cierre los ojos para ver los tuyos, o que me encierre en el silencio para oír tu voz.
Desconoces cuantas noches he pasado en vela por culpa de una imaginación desorbitante, habitando en un mundo en el cual tú reinas. Soñando despierto. Regálame el elixir de tus labios y yo te llenaré la vida de sonrisas, de instante inolvidables, de detalles tiernos. Y todavía que en la vida terrenal dudo que exista el infinito, te prometo que te regalaré momentos con sabor a eternidad.
Quiero vivir en complicidad contigo y con tu ternura. Quiero robarte el aliento por tantas veces que suspiré por ti. Quiero vivir el principio de una historia, al abrigo de la miradas. Convertir tu carne en mi carne; que me perdones el pecado de subsistir de tu piel.
Entonces, permíteme confesarte el secreto por el cual me arrodillo derrotado, por un incontenible furia que se desata en mi interior, en el choque de dos espadas, en una guerra en mi ser, en la cual yo soy la única víctima. Y, exhausto, te escribo que este remolino enmarañado de sentimientos y palabras vienen a decirte que eres mi musa, mi deseo. Permíteme confesarte que te amo.
Tú eliges si deseas cogerme la mano y emprender un viaje repleto de sensaciones o prefieres quedarte en la estación y dejarlo ir.
Y es que llevas tanto tiempo viviendo en mi mente... Me he acostumbrado a ti, a tu ser, a tus ojos, a tu sonrisa. Sólo hace falta que mi mano escriba tu nombre en una hoja de papel para hacerte aparecer; que cierre los ojos para ver los tuyos, o que me encierre en el silencio para oír tu voz.
Desconoces cuantas noches he pasado en vela por culpa de una imaginación desorbitante, habitando en un mundo en el cual tú reinas. Soñando despierto. Regálame el elixir de tus labios y yo te llenaré la vida de sonrisas, de instante inolvidables, de detalles tiernos. Y todavía que en la vida terrenal dudo que exista el infinito, te prometo que te regalaré momentos con sabor a eternidad.
Quiero vivir en complicidad contigo y con tu ternura. Quiero robarte el aliento por tantas veces que suspiré por ti. Quiero vivir el principio de una historia, al abrigo de la miradas. Convertir tu carne en mi carne; que me perdones el pecado de subsistir de tu piel.
Entonces, permíteme confesarte el secreto por el cual me arrodillo derrotado, por un incontenible furia que se desata en mi interior, en el choque de dos espadas, en una guerra en mi ser, en la cual yo soy la única víctima. Y, exhausto, te escribo que este remolino enmarañado de sentimientos y palabras vienen a decirte que eres mi musa, mi deseo. Permíteme confesarte que te amo.
Tú eliges si deseas cogerme la mano y emprender un viaje repleto de sensaciones o prefieres quedarte en la estación y dejarlo ir.
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