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Mostrando entradas de febrero, 2015

Él (2)

Louis ocultó la carta al llegar Claire asustada. -Ha...Ha desaparecido... Su cuerpo... No está... - Musitó ella, mientras caía derrotada y comenzaba a llorar. Desde el pasillo se oía a Marie con uno de sus berrinches, rodeada de enfermeras viejas y solteronas, que jamás habían cuidado de un niño pequeño en sus vidas y ahora no sabían como lidiar con ello.                                                                           *** -Bienvenido al Abismo, David. -Dijo suavemente Gray, sonriendo a la azulada esfera que se posaba sobre su mano izquierda. Su voz se había tornado normal, sin sonar tan hueca en el interior de la cabeza de David. - ¿Qué ha sido del resto del mundo? ¿Qué ...

Anatomía del ballet (4)

Nos gritan, nos amenazan y por poco no llegan a las manos. Me visto mientras oigo blasfemias en el salón. Alicie comienza a llorar, hipando, en un tembleque asustado. Es como un animal herido y despavorido, no me deja acercarme. Me empuja con la almohada entre los brazos mientras me mira con un reproche en sus ojos llorosos.  "Todo esto ha sido culpa tuya" La beso en la frente, en contra de su voluntad  aunque no me lo reniega, cojo mi mochila y salgo, paseando delante de sus insoportables padres. Ellos siguen levantando la voz, mandándome al infierno y a su hija conmigo "por semejantes actos". Sí, debí haber intuido que Alicie salió de un melocotón. El mal humor se me transparenta por los poros y una vez más, me hundo entre una capa de burbujas y agua caliente al llegar a casa.  Será por la alta temperatura pero es la solución para dejarme inconsciente. ¿Y qué culpa tendré yo? Si no lo aceptan es su problema, pero entiendo el miedo de Alicie y no queda más remed...

Anatomía del ballet (5)

Esta noche estoy sola en el ático enfrentándome a un invierno cercano. La bufanda me oculta hasta la nariz y noto el hálito caliente inundando mi cuello. Un vaho dulce y temeroso huye hacia el cielo de esta oscuridad. Observo las luces que bailan en la ciudad y el resplandor que emanan las lejanas farolas sobre las casas. En un silencioso recital, pienso sin descanso en los acontecimientos recientes intentando ponerle nombre y versos en mi mente. "Era la primera vez que quise y fui querida. Fui valiente, me lancé y lo logré. Amé dando de mí lo que nunca antes había conocido. Ciertamente, me percaté de aspectos de mi mente hasta entonces ignorados. Desperté sentidos y sentimientos. Creí en mi vanidad, en mi orgullo, en mis celos, mis lujurias, mis dulzuras, mi indiferencia y, finalmente, mi egoísmo. Y toda esa figura era, por sorpresa, yo.   Facetas de mí que no había percibido anteriormente. ¿Y cómo las di a conocer? Por experiencias, nuevas e inimaginables fuera de lo comú...

La rosa de la batalla.

La rosa se marchita en el jarrón del escritorio, mohína de su pronta muerte y testigo reverente del amor consumado. Frente a ella, un mar de sábanas vacías heridas por rayos cautelosos. Ha ardido un fuego por el roce de unas pieles sedientas que no se volverán a ver igual, días de ayer que ni regresarán, que pasan de rojo a gris para no tornar hasta que el tiempo pase y el mito traiga otra solitaria alma que conquistar.  Tras las noches de triunfo, llegan los fantasmas de los recuerdos. Ideales perdidos en el orgullo y el deseo, abandonados en algún rincón de la barra del bar más próxima, ahogando traiciones entre emociones. En un cuerpo ebrio, descansa la consciencia y se despiertan los vicios para enfrentarse a la batalla, en una desbocada furia a sí mismo, calzando la valentía, escudando el ego y blandiendo la razón, que terminará mellada en la guerra mental.  Y cuando llegue el alba, y el ser ande maltrecho, cansado y se tope con el reflejo en idénticas estocadas en un e...