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Él (2)

Louis ocultó la carta al llegar Claire asustada.

-Ha...Ha desaparecido... Su cuerpo... No está... - Musitó ella, mientras caía derrotada y comenzaba a llorar. Desde el pasillo se oía a Marie con uno de sus berrinches, rodeada de enfermeras viejas y solteronas, que jamás habían cuidado de un niño pequeño en sus vidas y ahora no sabían como lidiar con ello.
                                                                          ***

-Bienvenido al Abismo, David. -Dijo suavemente Gray, sonriendo a la azulada esfera que se posaba sobre su mano izquierda. Su voz se había tornado normal, sin sonar tan hueca en el interior de la cabeza de David.

- ¿Qué ha sido del resto del mundo? ¿Qué va a ser de Claire y de mi hija...?- Preguntó David, atemorizado a la par que extrañado por su nuevo hábitat. Se sentía ligero y fluido. Podía ver todo su alrededor si necesidad de girar sus invisibles ojos.- Y es más, ¿en qué me has convertido?

 Gray exhaló un silenciosa y breve sonrisa a la cual añadió:

- ¿Todos los humanos hacéis tantas preguntas? Bueno, respecto a ti, tú eres lo más profundo y etéreo de tu cuerpo. Podría decirse que eres el alma de tu ser, la esencia que va con cada uno. Y por lo demás... Imagino que nuestro incompetente amigo, alias doctor Louis, habrá visto la carta y Claire... Claire... No te preocupes por ellos. Han visto temporalmente tu cama sin cuerpo, pero es un efecto entre el mundo terrenal y el Abismo. En este mismo estarán sufriendo la Amnesia Post Rapina Anima, APRA abreviando. Se encontrarán con tu cuerpo en buen estado pero en coma temporalmente. Alguno de los efectos secundarios de las prácticas entre nuestros mundos.

 Y así era. Claire volvió a alzar la vista y al encontrarse frente la mano inerte de tu marido cayendo por el borde del camastro, se aferró a ella llorando. Louis recobró la consciencia y se apresuró a tomarle el pulso. Marie, que estaba aferrada fuertemente al cuello de tu enfermera, dejó de berrear. Se tranquilizó levemente, y aún llorando, preguntó por su madre.

 -No temas, David, no voy a torturarte. Es más, te voy a pedir un favor.

 - Mientras no sea convertirme en sirviente de los muertos, lo que sea.

 - Buena respuesta. Por eso me gustas tanto. - Dijo sinceramente Gray, sonriendo.- Cuando lleguemos a nuestro destino, te haré la propuesta.

 - ¿Y si la rechazo?

 - ¿Sin saber lo que es?

 - Supongamos que me expones el plan y no quiero participar. ¿Qué pasaría?

 - Te destruiría y con ello tu cuerpo y seguramente el destino de la Tierra. -Replicó Gray con una frialdad que horrorizó a David.

No pasaron treinta segundos tras esa respuesta, cuando Gray estalló de risa.

 -No creerás realmente lo que te he dicho, ¿verdad?- Dijo entrecortadamente por la risa.

 - Sabiendo lo que ha pasado entre estos días, quien sabe.

Este último comentario obligó a Gray a pararse, inclinándose, con una mano sobre el vientre y una lágrima a punto de desbordar. Cuando se calmó, le dijo a David:

-Bueno, ejem, tú disfruta de las vistas, que ya falta poco para llegar.

-¿Vistas...?

 David se quedó pensando en lo que le rodeaba. El suelo parecía un tablero de ajedrez, alternando las baldosas de un blanco impoluto y un negro brillante. Este pasillo parecía carecer de paredes, mas que una oscuridad tenebrosa. Y alternando con ese paisaje, aparecían cajas con un dispositivo de llave, de las que sonaban una dulce música al hacerlas girar y obligando a una bailarina a  moverse y otras veces eran cajas que ocultaban un payaso con un muelle que saltaba al darles cuerda. La mayoría de estos arlequines tenía la cara de porcelana quebrada y a las danzantes damas les faltaba parte del cuerpo, lo que le daba un toque extraño al Abismo.
 También había osos de peluche descosidos, con el relleno despuntando entre las patas y ojos de botón caidos. Muñecas despertigadas por el suelo, lapices de matices grises... Daba la sensación de estar en un cuarto de juegos abandonado y ellos eran unos diminutos intrusos.

 Al poco rato, Gray se desvió lateralmente entre la oscuridad y una cavidad enorme apareció ante ellos.

- ¿Pero de dónde...? - Titubeó David

- Bienvenido a la Maison de Monsieur Gray, es decir, moi. - Exclamó alzando los brazos. - Este será tu nuevo hogar

-Yo solía tener uno, ¿Sabes?

-Pero lo has abandonado como un héroe-

-¡En contra de mi voluntad!- Interrumpió David

- Sí, bueno, en contra de tu voluntad, debido a tu ignorancia, del mal que está apunto de acontecer en el curso de los Dos Mundos. ¡Tú lo derrotarás!- Flexionó el codo, alzando el puño con una mueca de euforia.

- ¿Y cómo se supone que debo enfrentarme a este misterioso enemigo sin cuerpo? ¿Les soplo?

-Tómatelo con calma, David. Tengo un par de sorpresas reservadas para ti.

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