"Espero que leáis mis, quizás, últimas palabras. No estoy realmente segura de lo que vi, su aspecto, pero su existencia es innegable.
Como bien sabéis, volví de fiesta antes de ayer de madrugada. Si os soy sincera, admito que quizás un poco borracha estaba, pero poquísimo. Sin embargo, esa pompa de embriaguez desapareció un par de horas más tarde de estar en mi cuarto dormitando. Sobre las cuatro de la mañana, me despertó un ruido. Parecía que alguien estaba rascando el estucado de la pared o las sillas de mimbre. Provenía de la cocina. Supuse que sería nuestro gato sacándose las uñas o en busca de comida.
Salí de mi cuarto y por cada escalón bajado, el sonido desaparecía durante unos instantes, como si me oyese caminar o creyese imaginárselo. Entonces supuse que sería un ladrón o una sabandija de este tipo. Al llegar al rellano, agarré un jarrón de porcelana. Paso a paso, ya estaba casi en la entrada de la cocina, cuando lo vi.
Agazapado sobre la encimera, miraba impasible los destrozos. Pero entonces, posó su mirada en mí. Sus blancos y vacíos ojos sin pupila. No tenía expresión en la cara, mas que la sonrisa sin labios, sin piel. Parecía que su cuerpo estuviese revertido y los músculos fuesen lo más externo. Pequeño, enjuto y levemente jorobado. Rezumaba sangre como se suda. Y a cada paso, dejaba pisadas de color carmesí, manchas que invadían absolutamente toda la estancia.
Hice ademán de tirarle el jarrón, y "eso" se limitó a escrutarme con la mirada y gruñirme. Acto seguido, saltó grácilmente e hizo estallar la ventana en cientos de pedazos. Lo que más me sorprendió es que nadie se diese cuenta del estruendo. Pero tengo miedo.
Aquella misma noche, cuando el sueño me derrotó, soñé con esa cosa. Me palpaba la piel con sus largos y afilados dedos, manchándome. Sobre la frente me escribió: 2 d. .En esa mañana, no veíais ni la sangre, ni los muebles arañados, caminabais sobre los cristales rotos, por lo que imagino que es algo fruto de su misterio. De los que le ven.
Esa noche, otra pesadilla, hizo la cuenta atrás. 1 d.
Imagino que no me queda mucho tiempo. Tanto si bajo como si me quedo en mi cuarto, vendrá a por mí. Por lo que pido que huyáis, que dejéis la casa.
Y si alguna vez os despertáis en mitad de la noche, no os levantéis, por mucha necesidad que tengáis. Él puede estar ahí.
Caroline."
El padre de Caroline, que acudió al cuarto de su hija al no contestar a la puerta ni haberse despertado, encontró la nota. A medida que leía, en su rostro se dibuja una mueca de horror y se acercaba más el papel a la cara no dejar de leerla, apesar de las lágrimas. Cuando la terminó, volvió a leerla. Estaba aterrorizado.
Y cuando se levantó a avisar a su familia, pero cuando apartó la hoja de su rostro, una cara sin pupilas y piel en carne viva se abalanzó sobre él.
No pueden ni deben saber nada de él
Como bien sabéis, volví de fiesta antes de ayer de madrugada. Si os soy sincera, admito que quizás un poco borracha estaba, pero poquísimo. Sin embargo, esa pompa de embriaguez desapareció un par de horas más tarde de estar en mi cuarto dormitando. Sobre las cuatro de la mañana, me despertó un ruido. Parecía que alguien estaba rascando el estucado de la pared o las sillas de mimbre. Provenía de la cocina. Supuse que sería nuestro gato sacándose las uñas o en busca de comida.
Salí de mi cuarto y por cada escalón bajado, el sonido desaparecía durante unos instantes, como si me oyese caminar o creyese imaginárselo. Entonces supuse que sería un ladrón o una sabandija de este tipo. Al llegar al rellano, agarré un jarrón de porcelana. Paso a paso, ya estaba casi en la entrada de la cocina, cuando lo vi.
Agazapado sobre la encimera, miraba impasible los destrozos. Pero entonces, posó su mirada en mí. Sus blancos y vacíos ojos sin pupila. No tenía expresión en la cara, mas que la sonrisa sin labios, sin piel. Parecía que su cuerpo estuviese revertido y los músculos fuesen lo más externo. Pequeño, enjuto y levemente jorobado. Rezumaba sangre como se suda. Y a cada paso, dejaba pisadas de color carmesí, manchas que invadían absolutamente toda la estancia.
Hice ademán de tirarle el jarrón, y "eso" se limitó a escrutarme con la mirada y gruñirme. Acto seguido, saltó grácilmente e hizo estallar la ventana en cientos de pedazos. Lo que más me sorprendió es que nadie se diese cuenta del estruendo. Pero tengo miedo.
Aquella misma noche, cuando el sueño me derrotó, soñé con esa cosa. Me palpaba la piel con sus largos y afilados dedos, manchándome. Sobre la frente me escribió: 2 d. .En esa mañana, no veíais ni la sangre, ni los muebles arañados, caminabais sobre los cristales rotos, por lo que imagino que es algo fruto de su misterio. De los que le ven.
Esa noche, otra pesadilla, hizo la cuenta atrás. 1 d.
Imagino que no me queda mucho tiempo. Tanto si bajo como si me quedo en mi cuarto, vendrá a por mí. Por lo que pido que huyáis, que dejéis la casa.
Y si alguna vez os despertáis en mitad de la noche, no os levantéis, por mucha necesidad que tengáis. Él puede estar ahí.
Caroline."
El padre de Caroline, que acudió al cuarto de su hija al no contestar a la puerta ni haberse despertado, encontró la nota. A medida que leía, en su rostro se dibuja una mueca de horror y se acercaba más el papel a la cara no dejar de leerla, apesar de las lágrimas. Cuando la terminó, volvió a leerla. Estaba aterrorizado.
Y cuando se levantó a avisar a su familia, pero cuando apartó la hoja de su rostro, una cara sin pupilas y piel en carne viva se abalanzó sobre él.
No pueden ni deben saber nada de él
Ya que vivís durante el Sol cruza el cielo, deja la oscuridad para quien deba ocultarse.
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