Ir al contenido principal

Día y noche, pensándote.

Luna, acuna estos sueños en los que ella se refleja por arte de magia y que me hacen querer dormir eternamente.
 Viento, arroja mis desalmados suspiros para que lleguen a sus oídos estas palabras de amor.
Tierra, cultiva la más sencilla flor para la más hermosa y simple mujer por el regalo de la más gratificante sonrisa que me brinda. 
Ni en cielo y en el infierno hay ser semejante. Vendería mi alma al mismísimo diablo por la fortuna de beber de sus labios. ¿Qué esconden sus ojos que me hacen querer bañarme en ellos por cada mirada perdida? ¿Qué tiene su piel que atrae tan tontamente mis manos? ¿Qué tiene esa risa que rompe el aire y hacer resurgir el sol?  
 Una princesa sin reino coronando mi mundo, hija de todas las tierra y sin mayor hogar que su imaginación. Mareas de pensamientos que le ahogan lentamente, haciéndole perder la conciencia, en ese ensimismamiento que cubre su rostro serenándolo. Temo que si le rozo, se desvanezca, y si no  lo hago, me desvanezco yo. 

                                                    ***

Hay una historia que no se escribe  en tinta, una sin contar, que muere cada noche y revive cada día al despertar. Algo incierto, un 'qué pasaría si...' que nunca llega, que se aleja, como veo marchar tu silueta, como se disipa tu voz en la lejanía cuando te despides y llevas mi alma encandilada tras de ti. Como arde tu piel sobre la mía, como quema si la retiras. Por esa mirada que se cruzó en un mismo reflejo, por ese recuerdo que perdura escondido en el lugar que compartimos, en cada uno de los momentos que hacen despertar mi imaginación, brindándome una muda soledad, a solas tú y yo. 

Comentarios

Favorite story choosen by readers

La rosa de la batalla.

La rosa se marchita en el jarrón del escritorio, mohína de su pronta muerte y testigo reverente del amor consumado. Frente a ella, un mar de sábanas vacías heridas por rayos cautelosos. Ha ardido un fuego por el roce de unas pieles sedientas que no se volverán a ver igual, días de ayer que ni regresarán, que pasan de rojo a gris para no tornar hasta que el tiempo pase y el mito traiga otra solitaria alma que conquistar.  Tras las noches de triunfo, llegan los fantasmas de los recuerdos. Ideales perdidos en el orgullo y el deseo, abandonados en algún rincón de la barra del bar más próxima, ahogando traiciones entre emociones. En un cuerpo ebrio, descansa la consciencia y se despiertan los vicios para enfrentarse a la batalla, en una desbocada furia a sí mismo, calzando la valentía, escudando el ego y blandiendo la razón, que terminará mellada en la guerra mental.  Y cuando llegue el alba, y el ser ande maltrecho, cansado y se tope con el reflejo en idénticas estocadas en un e...

Despertar cada día así y a tu lado.

No me juzguéis; es un texto que escribí hace mucho tiempo, 365 días ya. Se lo dediqué a alguien y bueno, que no muera en mis recuerdos si puedo revivirlo en el papel.   "Buenos días, princesa. He pasado la noche en vela pensando en ti.  La vida en la casa no dormía, y menos, yo. El calor me sofocaba. Abrí la ventana y contemplé la oscura noche. El tenue resplandor de la estrellas hacían frente ante la potente luz que emanaba la ciudad. Dejé que los ruidos, que provenían de las entrañas de la noche, alimentasen ese pequeño temor a desconocer lo que es sencillo y, sin embargo, no puedo ver. De pensar y pensar, me quedó la mente en blanco y miraba al infinito como quien ve siempre el mismo cuadro en la pared.  Un ligero fulgor desvió mi mirada hacía él. Una estrella fugaz. Bajé la vista y pedí un deseo: Estar juntas. Nunca creí que un meteoro que alcanza la atmósfera a una velocidad inimaginable, creando tras de sí una cola de fuego, pudiese cumplir un deseo....

Ámame cuando me vaya

Deséame con capricho, cuando sepas que no podrás volver a aprisionarme entre tus brazos.  Llámame cuando sepas que estoy lo bastante lejos para no oírte.   Búscame en las noches de insomnio en el diario de tu vida.    Píntame como un ideal que huyó al filo de tus dedos.     Imagíname despierto como un delirio.      Guárdame en el cenicero de tu hogar, cenizas de mis recuerdos.       Suspírame a la Luna, buscando en el aire una respuesta.        Suéñame con sudor y amargura, musitando en el letargo mi nombre.  Ámame como se aman a las pesadillas, con miedo y fascinación.  Ámame con odio, de querer arrancarme de tu pecho pero no poder evitar pensar en mí antes de cerrar los ojos.  Ámame como nunca nadie me ha amado.