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Día y noche, pensándote.

Luna, acuna estos sueños en los que ella se refleja por arte de magia y que me hacen querer dormir eternamente.
 Viento, arroja mis desalmados suspiros para que lleguen a sus oídos estas palabras de amor.
Tierra, cultiva la más sencilla flor para la más hermosa y simple mujer por el regalo de la más gratificante sonrisa que me brinda. 
Ni en cielo y en el infierno hay ser semejante. Vendería mi alma al mismísimo diablo por la fortuna de beber de sus labios. ¿Qué esconden sus ojos que me hacen querer bañarme en ellos por cada mirada perdida? ¿Qué tiene su piel que atrae tan tontamente mis manos? ¿Qué tiene esa risa que rompe el aire y hacer resurgir el sol?  
 Una princesa sin reino coronando mi mundo, hija de todas las tierra y sin mayor hogar que su imaginación. Mareas de pensamientos que le ahogan lentamente, haciéndole perder la conciencia, en ese ensimismamiento que cubre su rostro serenándolo. Temo que si le rozo, se desvanezca, y si no  lo hago, me desvanezco yo. 

                                                    ***

Hay una historia que no se escribe  en tinta, una sin contar, que muere cada noche y revive cada día al despertar. Algo incierto, un 'qué pasaría si...' que nunca llega, que se aleja, como veo marchar tu silueta, como se disipa tu voz en la lejanía cuando te despides y llevas mi alma encandilada tras de ti. Como arde tu piel sobre la mía, como quema si la retiras. Por esa mirada que se cruzó en un mismo reflejo, por ese recuerdo que perdura escondido en el lugar que compartimos, en cada uno de los momentos que hacen despertar mi imaginación, brindándome una muda soledad, a solas tú y yo. 

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