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Mi maravilloso desastre

Recuerdo que era un día de verano, caluroso como cualquier otro. La observaba, en sus gestos plagados de perfecta armonía con la torpeza, disputarse entre sonrisas y frustración. Vi en un delirio, seguramente regado por los rayos del sol, que aquello que se derretía inevitablemente entre sus dedos era mi corazón y me alegré de que ella fuera la titiritera que movía los hilos de mi mundo. Se derramaron gotas sobre sus prendas, me miró divertida y nuestros ojos se cruzaron, iluminándome con la eterna primavera que custodiaba. Acerqué, con gesto paternal, una servilleta a su mejilla y rememoré sus pecas, sembradas por ambos carrillos, como pequeños campos de trigo resplandecientes bajo la luz estival. Ella se quedó inmóvil y no pude evitar pensar en sus labios carnosos, en su tibieza, en la dulzura que guardan aun el mar los haya humedecido. Vino a mi sentido el olor salino impregnado en su piel pálida; respiré con calmada ansia el aroma de la flor de sal, deseando que el tiempo se hubiera atrapado ahí: en la huella sobre la arena, en la caricia en la cintura, en el suspiro de un beso, en el afán de haber detenido el reloj y permanecer allí, por siempre, tratando perpetuamente de ordenar el caos que felizmente me causa.


La felicidad es el anhelo por la repetición. - Milan Kundera

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La rosa de la batalla.

La rosa se marchita en el jarrón del escritorio, mohína de su pronta muerte y testigo reverente del amor consumado. Frente a ella, un mar de sábanas vacías heridas por rayos cautelosos. Ha ardido un fuego por el roce de unas pieles sedientas que no se volverán a ver igual, días de ayer que ni regresarán, que pasan de rojo a gris para no tornar hasta que el tiempo pase y el mito traiga otra solitaria alma que conquistar.  Tras las noches de triunfo, llegan los fantasmas de los recuerdos. Ideales perdidos en el orgullo y el deseo, abandonados en algún rincón de la barra del bar más próxima, ahogando traiciones entre emociones. En un cuerpo ebrio, descansa la consciencia y se despiertan los vicios para enfrentarse a la batalla, en una desbocada furia a sí mismo, calzando la valentía, escudando el ego y blandiendo la razón, que terminará mellada en la guerra mental.  Y cuando llegue el alba, y el ser ande maltrecho, cansado y se tope con el reflejo en idénticas estocadas en un e...

Despertar cada día así y a tu lado.

No me juzguéis; es un texto que escribí hace mucho tiempo, 365 días ya. Se lo dediqué a alguien y bueno, que no muera en mis recuerdos si puedo revivirlo en el papel.   "Buenos días, princesa. He pasado la noche en vela pensando en ti.  La vida en la casa no dormía, y menos, yo. El calor me sofocaba. Abrí la ventana y contemplé la oscura noche. El tenue resplandor de la estrellas hacían frente ante la potente luz que emanaba la ciudad. Dejé que los ruidos, que provenían de las entrañas de la noche, alimentasen ese pequeño temor a desconocer lo que es sencillo y, sin embargo, no puedo ver. De pensar y pensar, me quedó la mente en blanco y miraba al infinito como quien ve siempre el mismo cuadro en la pared.  Un ligero fulgor desvió mi mirada hacía él. Una estrella fugaz. Bajé la vista y pedí un deseo: Estar juntas. Nunca creí que un meteoro que alcanza la atmósfera a una velocidad inimaginable, creando tras de sí una cola de fuego, pudiese cumplir un deseo....

Ámame cuando me vaya

Deséame con capricho, cuando sepas que no podrás volver a aprisionarme entre tus brazos.  Llámame cuando sepas que estoy lo bastante lejos para no oírte.   Búscame en las noches de insomnio en el diario de tu vida.    Píntame como un ideal que huyó al filo de tus dedos.     Imagíname despierto como un delirio.      Guárdame en el cenicero de tu hogar, cenizas de mis recuerdos.       Suspírame a la Luna, buscando en el aire una respuesta.        Suéñame con sudor y amargura, musitando en el letargo mi nombre.  Ámame como se aman a las pesadillas, con miedo y fascinación.  Ámame con odio, de querer arrancarme de tu pecho pero no poder evitar pensar en mí antes de cerrar los ojos.  Ámame como nunca nadie me ha amado.