-Tienes unas manos increíbles -suspira Alicie.- ¿Cuándo aprendiste y por qué no te lo he pedido antes?. -Aprieta la sábana entre sus dedos y su cuerpo tiembla bajo la presión de mi masaje.
-Tengo una respuesta fácil ante lo segundo, pero no quiero que suene a reproche-Le respondo, socarrona.- Y no aprendí en ningún lugar, simplemente sé.
Deja de darme la espalda y me dedica una mirada de súplica.
-Valentine, te dije que dejásemos eso atrás. Ha pasado un mes y medio y estoy realmente feliz de verme cogiéndote la mano y conociéndote en todos tus momentos, así que por favor...
Algo me muerde el pecho y me arrepiento muchísimo.
-Perdóname, yo no quería... Lo siento, cielo.-La beso suavemente.- Te has topado con la tonta más tonta del reino. Por cierto, ¿Tú vas al fisioterapeuta? Tienes algunas contracturas que he notado, y bueno, se ve que te duele...
-Sí, suelos ir algunos lunes y miércoles en algunas ocasiones. ¿Tú no?
-Yo no me complico mucho. Hago ejercicios de estiramientos y tan ricamente.
-Tengo una respuesta fácil ante lo segundo, pero no quiero que suene a reproche-Le respondo, socarrona.- Y no aprendí en ningún lugar, simplemente sé.
Deja de darme la espalda y me dedica una mirada de súplica.
-Valentine, te dije que dejásemos eso atrás. Ha pasado un mes y medio y estoy realmente feliz de verme cogiéndote la mano y conociéndote en todos tus momentos, así que por favor...
Algo me muerde el pecho y me arrepiento muchísimo.
-Perdóname, yo no quería... Lo siento, cielo.-La beso suavemente.- Te has topado con la tonta más tonta del reino. Por cierto, ¿Tú vas al fisioterapeuta? Tienes algunas contracturas que he notado, y bueno, se ve que te duele...
-Sí, suelos ir algunos lunes y miércoles en algunas ocasiones. ¿Tú no?
-Yo no me complico mucho. Hago ejercicios de estiramientos y tan ricamente.
-Enséñame.
Me levanto de la cama y la invito a ocuparla entera.
-Túmbate boca abajo. Así, bien. Ahora pon las manos a esta altura de la columna- Le indico con un gesto en la cintura- Levanta el pecho, sin retirar la mirada del colchón o mover los brazos y las piernas.
-Woaw, noto un montón la zona lumbar y duele.
-Esto es un ejercicio de tonificación. También lo puedes hacer con los brazos extendidos y moviendo simultáneamente el brazo derecho y la pierna izquierda; brazo izquierdo, pierna derecha.
-Increíble. ¿Y de estiramientos?
-La posición del gato.
-¿Gato?
-Ponte a cuatro patas.- Me pongo yo también en esa postura compartiendo cama, lado a lado.- Y baja la espalda sin doblar nada. Un poco más- Ella suspira, le coloco la mano en su talle para ayudarla, pero la picardía me puede y le desabrocho el sujetador con un movimiento rápido.
Se da la vuelta y me mira atónita y sonrojada.
-¿Cómo has podido?- Me exclama, sin rastro de enfado en la voz, mas bien divertida.
- Magia. ¿Te enseño?- Asiente, se lo vuelve a colocar y sonríe ante mi nuevo talento. En los tirantes horizontales del sostén hay una doblez. -Los dedos, aquí- Coloco en la cinta izquierda el pulgar y en la derecha el índice y antes de presionar me fijo en su mueca jovial tan contagiosa. Flexiono los dedos y velozmente su sostén se vuelve a desabrochar. Parece una niña que juega por primera vez al escondite ante la inocencia fingida de su padre, riendo sin intención de disimularlo. Se deja caer en el colchón, mirándome con los ojos entrecerrados.
-¿De qué te ríes, boba?- Ahora soy yo quien sonríe inconscientemente. Me coloco encima de ella atrapando su cintura, jugando con sus cosquillas, sin querer dejar de verla tan radiante.
-¡De ti! -Exclama, abrazándome el cuello entre sus brazos. Me dejo llevar y me acerco a su rostro.
- Si soy buena con los masajes, o eso dices, comprobemos en qué otras cosas tengo ventaja... -le susurró al oído. Me quedo sin aire tras haber dicho estas palabras, expectante de su respuesta y asustada de mis hormonas. Sinceramente, quiero que ella sea mi primera vez y por alguna razón, en ese instante tengo unas ganas impresionantes de... Verla igual de sonrojada, con las brillantes perlas de sudor en la frente, como tras el ejercicio de una suave y sin pausa danza entre un mar de sábanas movidas por Poseidón. Y ella se encuentra bajo mi cuerpo, extremadamente adorable. Le brillan los ojos con una desconocida luz. ¿Deseo? ¿Miedo?
Mi mano asoma por debajo de su camisa y me dispongo a besarle el vientre. Su piel es incluso más suave por los lugares en el que el sol no acecha, exceptuando el verano. Subo lentamente, aprovechando que su sujetador está suelto. Alicie tiembla pero no me detiene. Tiene, nuevamente, los ojos cerrados, con una gesto de placer. La miro mientras repto por su vientre y los escalofríos le recorren con mis huellas trazando líneas por su piel y se muerde el labio. Mi orgullo está por las nubes porque lo está disfrutando y eso es todo lo que pido. Pero cuando mi tacto alcanza la altura del arco del sujetador me retiene con las manos en los hombros.
-No creo que sea lo adecuado - Musita- Yo no creo que la piel tenga, de alguna manera, un precio tan bajo ... - Me levanto y me siento al revés en su silla de escritorio, con la espaldera en el pecho y las piernas a cada lado. Ella se incorpora sin dirigirme la mirada, pero noto lo ruborizada que está, mientras se abrocha lo que resultó ser el estallido de la escena.
- Yo no voy a ser quien pase por encima de tus ideas y tu voluntad por una pasión, como tampoco te quiero únicamente por tu cuerpo. Quiero que el compromiso que tenemos entre manos sea algo bonito, sin obligaciones, ni excesos, ni sacrificios. He ido tan rápido que por unos momentos yo me he quedado sin aire. Perdóname por ello, me he dejado llevar- Se vuelve a recostar, en una posición fetal dándome la espalda- Quizás he aceptado demasiado rápido la relación y lo que supone tarde o temprano y aveces no puedo reprimirme cuando me enamoras mil veces como el primer instante. Perdóname, cielo - Me levanto y me recuesto detrás de ella, tras darle un beso en la cabeza. Alicie se voltea y se aferra a mi pecho. Correspondo al abrazo y me ronronea:
-No sé cómo lo haces, que siempre me descolocas la mente y ahora yo tengo ganas de sentirte así...
-No te veas forzada. Si tiene que llegar ese momento, llegará si debe.
-Desde el momento en el que tus manos tocaron mi piel bajo mi camisa, no quise pararte pero me asusté... Pero realmente quiero. Como te quiero a ti.
Se aproxima y me besa tiernamente. Me conmueve su dulzura.
- Empiezan tus cambios a raíz de un susurro- Sonrío.
-Sólo si es tuyo.
Se da la vuelta y me mira atónita y sonrojada.
-¿Cómo has podido?- Me exclama, sin rastro de enfado en la voz, mas bien divertida.
- Magia. ¿Te enseño?- Asiente, se lo vuelve a colocar y sonríe ante mi nuevo talento. En los tirantes horizontales del sostén hay una doblez. -Los dedos, aquí- Coloco en la cinta izquierda el pulgar y en la derecha el índice y antes de presionar me fijo en su mueca jovial tan contagiosa. Flexiono los dedos y velozmente su sostén se vuelve a desabrochar. Parece una niña que juega por primera vez al escondite ante la inocencia fingida de su padre, riendo sin intención de disimularlo. Se deja caer en el colchón, mirándome con los ojos entrecerrados.
-¿De qué te ríes, boba?- Ahora soy yo quien sonríe inconscientemente. Me coloco encima de ella atrapando su cintura, jugando con sus cosquillas, sin querer dejar de verla tan radiante.
-¡De ti! -Exclama, abrazándome el cuello entre sus brazos. Me dejo llevar y me acerco a su rostro.
- Si soy buena con los masajes, o eso dices, comprobemos en qué otras cosas tengo ventaja... -le susurró al oído. Me quedo sin aire tras haber dicho estas palabras, expectante de su respuesta y asustada de mis hormonas. Sinceramente, quiero que ella sea mi primera vez y por alguna razón, en ese instante tengo unas ganas impresionantes de... Verla igual de sonrojada, con las brillantes perlas de sudor en la frente, como tras el ejercicio de una suave y sin pausa danza entre un mar de sábanas movidas por Poseidón. Y ella se encuentra bajo mi cuerpo, extremadamente adorable. Le brillan los ojos con una desconocida luz. ¿Deseo? ¿Miedo?
Mi mano asoma por debajo de su camisa y me dispongo a besarle el vientre. Su piel es incluso más suave por los lugares en el que el sol no acecha, exceptuando el verano. Subo lentamente, aprovechando que su sujetador está suelto. Alicie tiembla pero no me detiene. Tiene, nuevamente, los ojos cerrados, con una gesto de placer. La miro mientras repto por su vientre y los escalofríos le recorren con mis huellas trazando líneas por su piel y se muerde el labio. Mi orgullo está por las nubes porque lo está disfrutando y eso es todo lo que pido. Pero cuando mi tacto alcanza la altura del arco del sujetador me retiene con las manos en los hombros.
-No creo que sea lo adecuado - Musita- Yo no creo que la piel tenga, de alguna manera, un precio tan bajo ... - Me levanto y me siento al revés en su silla de escritorio, con la espaldera en el pecho y las piernas a cada lado. Ella se incorpora sin dirigirme la mirada, pero noto lo ruborizada que está, mientras se abrocha lo que resultó ser el estallido de la escena.
- Yo no voy a ser quien pase por encima de tus ideas y tu voluntad por una pasión, como tampoco te quiero únicamente por tu cuerpo. Quiero que el compromiso que tenemos entre manos sea algo bonito, sin obligaciones, ni excesos, ni sacrificios. He ido tan rápido que por unos momentos yo me he quedado sin aire. Perdóname por ello, me he dejado llevar- Se vuelve a recostar, en una posición fetal dándome la espalda- Quizás he aceptado demasiado rápido la relación y lo que supone tarde o temprano y aveces no puedo reprimirme cuando me enamoras mil veces como el primer instante. Perdóname, cielo - Me levanto y me recuesto detrás de ella, tras darle un beso en la cabeza. Alicie se voltea y se aferra a mi pecho. Correspondo al abrazo y me ronronea:
-No sé cómo lo haces, que siempre me descolocas la mente y ahora yo tengo ganas de sentirte así...
-No te veas forzada. Si tiene que llegar ese momento, llegará si debe.
-Desde el momento en el que tus manos tocaron mi piel bajo mi camisa, no quise pararte pero me asusté... Pero realmente quiero. Como te quiero a ti.
Se aproxima y me besa tiernamente. Me conmueve su dulzura.
- Empiezan tus cambios a raíz de un susurro- Sonrío.
-Sólo si es tuyo.
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