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Pesadilla en una noche de verano.

Muy buenas, gente. Vuelvo a interrumpir la historia de In Loving Memory of You para traeros aquí un texto-pesadilla muy breve, de temática tenebrosa. Lo escribí el verano del 2012, con una  forma de escribir bastante distinta a la que tengo ahora. Está basada e influenciada un poco por el libro Mort de Terry Prachtett. Espero que os guste.

Entre la oscuridad y la niebla, apareció una figura alta, esbelta, oculta por una túnica y una capucha, que no dejaba entrever su rostro. En la mano portaba una guadaña de filo estrecho, la cual desprendía llamaradas azules. Estábamos ese espejismo y yo, y nada  más, todo oscuridad y neblina.
 El anónimo ladeó la cabeza, mostrando así una parte de su calcárea calavera. Me miraba. No tenía las cuencas de los ojos vacías, como se hubiese podido pensar, si no que tenía dos puntitos luminosos, dos supernovas azules, brillando. Por un instante, creí que me había guiñado un ojo, porque vi una de esas pupilas estalló y luego volvió a la normalidad.

 Alzó los brazos y un montón de siluetas fantasmales nos rodearon. Niños, ancianos, hombres, mujeres... Todos esos espectros estaban haciendo su vida cotidiana, sin percatarse de que habían cogido su alma y la habían transportado a un lugar desconocido.

 La Parca sacó un reloj de arena, de un tamaño no muy grande, con unas muescas en el vidrio y en el marco de madera. Lo lanzó al aire y antes de que pudiese caer a tierra, lo partió en miles de pedazos. A la vez que el reloj se quebraba, una persona, entre la multitud, cayó al suelo. Una carcajada llenó el aire con un ruido fuerte y a la vez, vacío, un sonido que no entraba por los oídos, si no que, escalaba por las piernas, recorriendo el cuerpo, hasta llegar a tu cabeza y martirizar tus sesos.

 Ese era su mayor pasatiempos. ¿Quién le iba a contradecir, a ella, a La Muerte? Para ella no existen los justos ni los infames. Nadie le tiene que decir quien ha de morir o no. Simplemente, tenemos un tiempo que corre y cuando este tiempo acaba ella cumple su trabajo, creamos o no que es justo. Desconoce lo que es la Justicia.

 Me acerqué lentamente. Me detuve justo enfrente. Su figura parecía que se había engrandecido. Le miré directamente a sus ojos de color celeste, sintiendo el frío tacto de su aliento, y le susurré:

 -La justicia no existe. Sólo existes tú.

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