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Por esta; nuestra noche.

Muy buenas, gente. Aquí les traigo otra entrada, sacada fuera de contexto de la historia de In Loving Memory of You. Iré dando saltos y tal y escribiendo lo que me venga a la mente. Que lo disfruten.



Blanca estela que al brillar ilumina tu febril pupila. Oscura noche encandilada, vergonzosa sábana de amores, acojo de lágrimas. 

 El silencio del culpable acusa su delito. Dos casas más allá, se comete un pecado contra un ser. Aquel padre, de cruel pasado, no acepta a su hijo bastardo. Habértelo pensado, por jugar con la vida y ahora atentar contra ella. Injusticia por doquier.
 Encima de aquel mohoso piso, una anciana yace en su cama, con su vida embarcando en un inevitable final. A su lado, y con la mano junto a la moribunda, le regala su mejor sonrisa, su marido. Treinta y ocho años juntos. El día anterior él no le dirigió la palabra y ahora se arrepiente. "Me va a abandonar -Piensa él- y lo va a hacer para siempre, sin que la pueda recuperar." Tiene un nudo en la garganta, pero lo intenta disimular. Le dedica su mejor mirada. Procura dejarle un hermoso cuadro, una imagen que pueda recordar en su camino a la eternidad. Ella le aprieta un poco más fuerte la manos en un instante y al cabo de un segundo su fuerza ya se ha desvanecido. Él se rinde. Sus lágrimas surcan su demacrado y anciano rostro.
  Al otro lado de la ventana, en el siguiente edificio, una niña está desolada. Su padre no volvió anoche y su madre no encuentra respuesta a todas aquellas dudas que la menor le cuestiona con su dulce voz. Con esa temblorosa voz porque ve el insonmio y el dolor en los ojos de su mamá. Y aunque todavía no entiende lo que es sentir una pérdida y mucho menos la muerte, su silencio, un sin-palabras que siente, acaba de robarle una parte de su infancia.
 El viento alza las cortinas y muestra el letrero luminiscente de un bar. Dentro, en un solo cruce de miradas y dos insultos, se ha armado una pelea. Uno de ellos, el más borracho, ha acabado con la nariz rota y un ojo morado, y por poco, casi una costilla. Le sacan de la taberna y le dejan en la acera, allí, a su fortuna.
 En el parque que hay justo en frente, tras la espesura de unas matas, dos chicas reniengan su amor mutuo por el "Qué dirán". La más baja, se aferra, con un lamento en los labios. ¿Qué hacer? Suspira la mayor. Un beso en la frente y un último adiós en la oscuridad. Echaran a andar, espalda contra espalda, cabizbajas. Renegarse a sí mismo duele, y más de esa manera.



Me doy la vuelta y la miro.
-¿Comprendes ahora lo que puedo ver yo? Hay cosas de las que nunca he querido ser consciente ni ver, pero es mi condena. Veo lo que me rodea, a pesar de todo. Sé las historias de la gente, su pasado y lo que les pasará. Lo he visto todo. Y sobretodo este momento, lo que vas a decir y lo que ocurrirá. - La miro y suspiro, con una sonrisa-  ¿Qué? ¿Te gusta la azotea?

A pesar de la oscuridad, veia su silueta bien definida. Estabas muy callada. Le revelé vidas de gente ajena, por incredulidad.

- Ahora...Ahora lo sabes todo de mí. ¿Deseas continuar, aquí, conmigo?- Le pregunto, dudoso por su silencio.
-Es...Es asombroso. De verdad. Jamás creí podría conocer a nadie igual. Pero si lo sabes todo...También sabes de donde vengo, que fui...¿no?

  Le cojo la mano y la alzo suavemente.

- Sí, y a pesar de eso, no me importa. El pasado, aunque conste en nuestro presente, donde estamos, ya ha pasado. Y de ese mismo tiempo ya no puedo hacer nada, pero permíteme cambiar tu ahora, este instante, el presente y el futuro.


Pomposo momento, tanto ella como yo sabíamos que era inevitable. Una desenfrenada cadena de hechos, de palabras, de acciones que sí quedarían en el pasado. Que volverían a revivirse miles de noches en esa misma azotea. Y entre miles de suertes que me pudieron llegar en la vida, yo la tuve a ella.

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